Navigated
Una investigación de EL PAÍS con otros cuatro medios de comunicación revela cómo el Vaticano ocultó durante décadas los casos de pederastia en el seno de la Iglesia católica. Documentos inéditos demuestran que la jerarquía eclesiástica siempre tuvo más información de los abusos de lo que hasta ahora había admitido. El Vaticano ha asegurado durante décadas que apenas llegaron casos a Roma y que solo empezó a recibirlos a partir de 2001.
Los documentos más antiguos de la investigación, en la que también han participado los medios Correctiv de Alemania, Boston Globe de Estados Unidos, Observador de Portugal y Casa Macondo de Colombia, se remontan a los años treinta del siglo pasado. Ante el riesgo de que los nazis accedieran a los expedientes, la orden fue: “Quemad todo”. Los papeles más relevantes afectan al papa Joseph Ratzinger porque reflejan que ya conocía un caso en 1986, cuando era prefecto para la Doctrina de la Fe.
El Vaticano siempre tuvo información de los casos de pederastia en el mundo, sabe más de lo que admite y nunca ha dicho lo que sabe. Lo demuestran los papeles hallados por una investigación internacional del diario alemán Correctiv, en colaboración con EL PAÍS, junto al Boston Globe de Estados Unidos, Observador de Portugal y Casa Macondo de Colombia. Arrojan nueva luz sobre los archivos vaticanos del dicasterio de Doctrina de la Fe y el antiguo Santo Oficio, aún cerrados a los investigadores y accesibles a muy pocas personas. “Entrar ahí es imposible”, confirma un canonista que lo ha intentado varias veces. Diversas fuentes señalan que hay un archivo aún más secreto que custodia los casos más graves y delicados.
El cuadro que emerge indica que el Vaticano siempre ha tenido información de los abusos en cada país, aunque ha mantenido que durante décadas apenas llegaron casos a Roma y empezó a recibirlos a partir de 2001. Fue el año en que, ante la magnitud del escándalo, nuevas normas vaticanas obligaron a ello. En 2021, la última estimación conocida de Doctrina de la Fe admitía 9.000 casos desde 2001. Pero nadie habla de las décadas anteriores a 2001, es un misterio aún mayor.
Los documentos más antiguos que se desvelan en exclusiva son de los años treinta en Alemania. Ante el riesgo de que los expedientes de curas pederastas cayeran en manos de los nazis, enemigos de la Iglesia católica, la orden fue: “Quemad todo”. Los papeles más relevantes son del caso Ratzinger, destapado en 2010, porque muestran que está lejos de haber sido aclarado y hay preguntas que esperan respuesta.
En agosto de 2025, Correctiv envió a León XIV una serie de preguntas, junto a los documentos hallados. El Papa las remitió a la Comisión Pontificia de Protección de Menores, que las rebotó al Dicasterio de Comunicación, que no contestó. El pasado 27 de enero, las preguntas le fueron entregadas de nuevo al Papa, esta vez en persona, en Castel Gandolfo. Aún no ha respondido.
Con todo, la llegada del nuevo Pontífice ofrece la oportunidad de un cambio de actitud del Vaticano,
Los papeles más antiguos son de los años treinta en la Alemania nazi
Los hallazgos demuestran que la Iglesia ha tenido datos de los abusos siempre
“La preocupación no eran las víctimas sino preservar el sistema”, señala un historiador
para dar el paso hacia la transparencia sobre todo lo que sabe. León XIV ha mostrado en su trayectoria sensibilidad con las víctimas de la pederastia y ha apoyado el trabajo de los periodistas. Abrir los archivos, revelar su contenido o emprender un estudio propio y ofrecer datos, sería un gesto decisivo para mostrar su voluntad real de que se conozca toda la verdad.
Las historias que cuentan estos papeles rastreados en varios países son de ocultación, lentitud y negligencia. Algunos son inéditos y otros estaban dispersos en investigaciones realizadas a nivel local, pero unirlos ofrece una nueva visión de conjunto. Son solo la punta de un iceberg de documentos que siguen ocultos en los archivos del Vaticano.
Desde que hace casi 25 años el escándalo de la pederastia del clero estalló gracias a la investigación del Boston Globe, ha ido extendiéndose a todos los países católicos. En España, con la investigación de EL PAÍS a partir de 2018. El Vaticano y los últimos papas, obviamente, han estado siempre en el centro del escándalo, pero la exigencia de transparencia a la Iglesia católica sobre miles de casos ha sido una batalla periodística librada en cada país. El resultado es que hasta ahora el Vaticano nunca ha revelado la información de sus archivos. Fuentes vaticanas e historiadores admiten que en realidad en los archivos del Santo Oficio están todos los casos conocidos en Roma al menos en casi todo el siglo XIX y el XX. Los documentos más antiguos hallados en esta investigación se refieren al ascenso del régimen nazi, con Pío XI. Están en los archivos del Santo Oficio y la Secretaría de Estado, abiertos a los investigadores, y han sido aportados por el historiador Davide F. Jabes. Son significativos porque revelan que ya entonces había comunicación fluida entre el Vaticano y los obispos sobre casos de pederastia, y que para la Iglesia era una información peligrosa que se debía ocultar.
El Santo Oficio instruyó siempre estos procesos desde el siglo XVI y Roma centralizaba todos los casos. En la época moderna empezó a estar regulado por la instrucción de 1922, actualizada en 1962, Crimen sollicitationis, para los abusos sexuales en el ámbito de la confesión, y que en su capítulo 5 (Crimen pessimum) citaba la pederastia. Según los historiadores, esta norma se hizo en parte porque en un país surgieron muchos casos a principios del siglo XX, con “impresionante frecuencia”: fue en España.
Incumplir las normas
En la Alemania de los años treinta, esta información era muy peligrosa si caía en manos de los nazis. El régimen de Hitler acosó a la Iglesia con campañas de desprestigio y el abuso de menores era una de las acusaciones más utilizadas. Esto está muy estudiado, pero mucho menos cómo se movió la Iglesia internamente.
Según los documentos, en agosto de 1936, el obispo de Colonia escribe al Santo Oficio pidiendo permiso para incumplir las normas y resolver en la diócesis casos de curas pederastas, sin dejar nada escrito. Es importante destacar que en ese momento están al frente de la Iglesia también dos futuros papas, que ya entonces dirigen estas gestiones. Uno es el secretario de Estado, el cardenal Eugenio Pacelli, que se convertiría en Pío XII de 1939 a 1958, y su número dos, Giovanni Battista Montini, que será elegido como Pablo VI en 1963, tras el breve mandato de cuatro años de Juan XXIII, y que encabezará la Iglesia hasta 1978.
En otra carta, en enero de 1937, el obispo de Colonia ya pide que este sistema se aplique a todos los casos. El Santo Oficio le da permiso en febrero tras consultar a
Pío XI, “mientras perdure la actual condición entre la Iglesia y el régimen civil”.
Hay un detalle importante en todos los documentos: el número de protocolo, que en este caso es 421/1936. La primera cifra indica el número de expediente del año en que se abrió y la otra, el año. Esta numeración es el hilo en el laberinto de los casos archivados. La situación empeoró rápidamente y se tomaron medidas extremas. Varios documentos indican cómo, ante la anexión de Austria por los nazis, la Anschluss de 1938, se dio orden a los obispos de este país de deshacerse de la documentación comprometida sobre abusos sexuales. El 14 de marzo de 1938, al día siguiente de la anexión, el obispo austriaco Alois Hudal
fue al Vaticano y dejó una nota urgente a Montini: “Solicito que quizá con un telegrama cifrado se envíe una notificación a la Nunciatura en Viena para que todo el material relativo a casos de inmoralidad por parte de sacerdotes, conservado en las curias episcopales y en los archivos de congregaciones y órdenes religiosas en Austria, sea inmediatamente destruido, y que también se eliminen los números de protocolo correspondientes”. La orden se transmitió rápidamente, como refleja otra nota de la Secretaría de Estado.
Casi todos estos documentos son inéditos y muy poco conocidos. En algunos libros se citan de pasada, porque estudian otras cuestiones. “Nunca se han analizado en detalle para responder una
pregunta fundamental: ¿cómo funcionaba realmente el sistema institucional encargado de juzgar los casos de abusos cometidos por sacerdotes?”, explica Jabes.
“Lo interesante es que, pese a todas las reglas y el derecho canónico, al frente de la Iglesia hay entonces personas que deciden que todo eso no importa, porque la Iglesia está en peligro y hay que hacer cualquier cosa para defenderla”, observa. “La principal preocupación no era el reconocimiento de la violencia sufrida por las víctimas, sino la preservación del orden eclesiástico”, opina.
Una nota del 7 de marzo de 1946 muestra que Pío XII mantuvo esta línea en los primeros años de la posguerra: “Rem remittendam esse prudentiae Episcoporum” (El asunto debe dejarse a la prudencia de los obispos).
Este episodio indica que sobre estos procesos había intercambio de información entre Roma y las diócesis del mundo. Fue la práctica habitual hasta 1965, cuando todo cambió con el Concilio Vaticano II, que modernizó la Iglesia. En parte se debió a un joven sacerdote con gran protagonismo en el futuro, Joseph Ratzinger. Era asistente del cardenal Frings, y con él
fue uno de los impulsores de la reforma del Santo Oficio, que pasó a llamarse Congregación de Doctrina de la Fe, para que abandonara su perfil inquisidor por un enfoque más pastoral. El organismo dejó de ser un tribunal y de hacer procesos penales de los llamados delitos reservados. Pasó a afrontar los casos de pederastia de forma descentralizada y “terapéutica”.
Es en esas décadas en las que se fragua el gran escándalo de la pederastia, que crece en cada diócesis sin ser atajado. Ratzinger se dio cuenta años después de que era un sistema equivocado, pero lo cierto es que él mismo también fue parte de ese sistema.
El primer cuestionamiento a la gestión de Ratzinger cuando era arzobispo en Múnich, entre 1977 y 1982, fue un artículo del New York Times, en marzo de 2010: informó de que en 1980 presidió una reunión en la que se admitió en la diócesis a Peter Hullermann, un cura pederasta trasladado desde Essen tras haber sido denunciado, para que recibiera terapia, y que luego volvió a agredir a menores. Ratzinger, que ya era papa como Benedicto XVI, negó haber conocido los detalles del caso.
El asunto se complicó en enero de 2022 cuando una auditoría interna encargada por la diócesis de Múnich al bufete de abogados Westphal Spiker Wastkl (WSW) señaló que Ratzinger había conocido al menos cuatro casos de curas pederastas. En concreto, en el de Hullermann, el informe le acusaba de no haber dicho la verdad a la comisión investigadora al declarar que no estuvo en aquella reunión de 1980. Ratzinger, que para entonces ya había dimitido como papa, admitió un error “no intencionado” en su respuesta, que atribuyó a un colaborador. Murió en diciembre de ese año.
Pero en la auditoría de 2022 había otro elemento de interés, que recibió poca atención. El vicario general de Múnich en 1980, Gerhard Gruber, fue quien asumió en 2010 la responsabilidad de haber reincorporado al cura
pederasta, pero una década después, en su declaración a WSW, afirmó que se vio obligado a ello: “Tuve que asumir la responsabilidad exclusiva de proteger al Papa”. Fue “presionado para emitir la declaración”.
El sacerdote Hullermann
En febrero de 2023, Correctiv publicó un documento hasta entonces desconocido y que tampoco tuvo eco fuera de Alemania: demostraba que, en realidad, Ratzinger ya sabía en 1986 que ese sacerdote era un pederasta. Estaba en Roma, era desde 1982 prefecto de la Congregación de Doctrina de la Fe, y respondió a una petición del arzobispado de Múnich. Le habían preguntado si Hullermann podía oficiar la misa con zumo de uva, en vez de vino, por sus problemas de alcoholismo. Ratzinger dio su permiso.
Pero la carta que llegó a Roma incluía un informe que precisaba que había cometido abusos sobre menores y había sido condenado por los tribunales alemanes meses antes. Tras el permiso de Ratzinger para que Hullermann siguiera en activo fue destinado a la atención de ancianos, pero en octubre de 1987 volvió a ejercer hasta 2010. Agredió sexualmente a varios menores en su nuevo destino, Garching an der Alz, donde estuvo 20 años. Hasta la fecha, se han documentado 23 víctimas de este sacerdote.
El contexto de la carta es clave: en 1986, el sacerdote acababa de ser condenado en Ebersberg a un año y seis meses de prisión, aunque no entró en la cárcel, por abusar de menores bajo los efectos del alcohol. Un psiquiatra recomendó a la archidiócesis que le prohibiera el alcohol y lo mantuviera lejos de menores. Sin embargo, se planteaba el problema de cómo celebrar la misa sin vino. De ahí la solicitud a Roma de un permiso especial. El portavoz de la archidiócesis de Múnich ha confirmado que la petición para Ratzinger explicaba los delitos sexuales
del sacerdote. La carta de 1986 con la respuesta de Ratzinger ha estado siempre en el expediente de Hullermann de Múnich, y quien lo consultara en 2010 al estallar el escándalo tuvo que verla. Pero quedó en secreto. Si hubiera salido a la luz quizá el impacto en el pontificado de Benedicto XVI habría sido mucho mayor.
La carta tampoco se hizo pública en la auditoría de 2022. WSW solo apuntó que Hullermann se reincorporó con autorización de Roma. Tras descubrirse el documento, ha alegado a Correctiv que no incluyó la carta en su estudio porque su mandato “era únicamente examinar al cardenal Ratzinger en su trabajo para la archidiócesis de Múnich y Freising, no su trabajo posterior”. Pero las revelaciones de esta carta no han terminado. Había un detalle extraño: no tenía número de protocolo. Todas las fuentes vaticanas y canónicas consultadas indican que es totalmente anómalo. Ratzinger era muy escrupuloso, es difícil que se tratara de un olvido. Permite sospechar que no todos los casos se archivaban por la vía habitual y quizá algunos quedaban al margen.
Oficialmente, el Vaticano solo sabe de este caso cuando lo desvela The New York Times y la diócesis de Múnich lo comunica a Roma: el año del número de protocolo del expediente de Hullermann es 2010. Pero Ratzinger lo conocía al menos desde 24 años antes.
Preguntado por esta carta, el Vaticano no responde. Uno de los asesores de Benedicto XVI, Stefan Mückl, replicó en 2022 que el prefecto de Doctrina de la Fe puede firmar documentos “sin tener un conocimiento de su contexto”. En su opinión, que Ratzinger firmara esa carta no demuestra que conociera los abusos de Hullermann.
● EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, escriba a abusos@elpais.es.
Si es un caso registrado en América Latina, la dirección es : abusosamerica@elpais.es
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Después de siete días de la publicación de un artículo todos los comentarios necesitan aprobación.