miércoles, 14 de marzo de 2018

La culpa del padre de Gabriel (actualizado)

Vaya por delante que no es mi intención ofender a nadie con este escrito, sea liberal o no, machista o feminista, de derechas o de izquierdas, etc.; aunque tal vez acabe ofediendo a todos; pero bueno, dicho está,
no es esa mi intención.

¿Es culpable el padre del niño Gabriel de que su pareja le asesinara? No. La culpable es ella. Debería pagar, cuando menos, con pasar el resto de su vida en la cárcel. Punto.

¿Tuvo alguno parte de culpa ese padre, por pasiva, en el asesinato del niño? Eso es harina de otro costal. Mi opinión es que sí, mucha. ¿A quién se le ocurre poner como madrastra de un niño de siete años a una mujer desconocida, procedente de otro cultura (lo dejo ahí), con un oscuro pasado? A él, claro. ¿Qué vio en ella? ¿Que era buena en la cama? Perdon por la brutalidad de mis palabras, pero es lo que creo. Una mujer que, estoy seguro de ello, era capaz de hacer cualquier cosa (y cuando digo cualquier cosa quiero decir precisamente eso) por subir de nivel económico. "Pero es que el pobre se enamoró de ella", podrá decir alguien. Mentira. Tomó la decisón con lo que tiene entre las piernas en vez de con lo que tiene dentro de la cabeza. Nuevamente pido perdón por mis palabras. Pero es que esa es la realidad.

Yo he vivido situaciones parecidas. Por supuesto ni acabé en su cama ni ellas en la mía. Porque yo no quise. Porque pensé con la cabeza. Mujeres que lo que buscan es arreglar su situación legal en un determinado país, o una cierta comodidad económica, o si ya la tienen escalar de algún modo. Y por ello harán lo que sea (repito, lo que sea) para engatusar al primer incauto que se atraviese en su camino. Pero es que se les ve a un kilómetro de distancia. Y yo no me considero especialmente perspicaz. Pero lo he podido notar en varias. Lo dejo aquí, pero sé de lo que hablo.

Y sí, yo yambién les puse una madrastra a mi hijo a y a mi hija, que vivian conmigo como padre divorciado. Con una diferencia. Mi hijo tenía 17 años y mi hija 15. Y con mi esposa mantuve un noviazo por cierto tiempo, y nos conocimos en ambientes cristianos, los cuales frecuentábamos desde antes de conocernos. No digo que eso sea garantía de éxito, pero bueno, algo ayuda. Y aún así tuvimos que pasar una crisis hogareña en la que mi hija (terca como su padre) decidió irse a vivir con su madre, aunque finalmente regresó con nosotros hasta que finalice su high school, momento en el que volará por su cuenta, a nivel laboral y universitario.

Cuento lo anterior porque no soy de usar la hipocresía. También porque, de un modo o de otro, sé de lo que hablo. Sé lo que es soledad sentimental. Sé lo que es acostarme solo cuando desesaría hacerlo acompañado. Sé lo que es equivocarme y acabar friendo un pantalón y metiendo un huevo en la lavadora. Sé lo difícil que es criar a un hijo y una hija como hombre solo. Sé que una madre es insustituible. No sé si un padre lo será. Pero una madre lo es. Antes no lo sabía. Ahora lo sé.

Por todo ello (y por mucho más) creo que es de una imprudencia temeraria brutal lo que hizo Angel David Cruz cuando decidió unirse a Ana Julia Quezada y ponerla por madraste de su hijo Gabriel, de siete años por aquel entonces, sin prácticamete conocerla, pero sabiendo de ella lo suficiente como para que se le hubieran disparado todas las alarmas. El pobre hombre estoy seguro de que es consciente de ello y va a pagar un altísimo precio por su error, que es tener que vivir el resto de su vida lamentando unas consecuencias que ya no tienen remedio.

Y termino diciendo que, después de diseñar este texto en mi mente, decidí no escribirlo. Por muchas razones, unas blogueriles y otras personales. Pero al final cambié de opinión por una sola razón. Por si tal vez puede abrir los ojos de alguien que esté pasando por una situación similar.

Actualización:
Acabo de leer en el blog Crónicas Bárbaras el texto de Manuel Molares do Val titulado Las malas compañías, en la misma línea de lo que yo he escrito por aquí.

3 comentarios:

  1. El planteamiento que haces me parece cogido por los pelos.

    Seguramente podemos encontrar innumerables contraejemplos donde las nuevas parejas de un divorciado (hombre o mujer), aceptan e incluso aman sin problemas a los hijos de la relación anterior.

    Por eso mismo este caso es excepcional, porque esa señora es una asesina, y porque no es lo habitual.

    Por lo mismo, también hay madres que matan a sus propios hijos, de hecho en este mismo caso hay sospechas acerca de la muerte de una hija de la acusada.

    Lógicamente siempre pueden tomarse precauciones, pero que haya pasado este crimen es estadísticamente, afortunadamente, anecdótico.

    El culpar al padre de esto vendría a ser como acusar, en general, al divorcio, de que esto suceda.



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    1. Tienes razón... en parte.

      Evidentemente hay casos opuestos, como bien dices. El mío es uno de ellos. Mi esposa trata a mis hijos como si fueran de ella (los suyos son mayores y ya tienen su vida hecha). No digo que los ame como si fueran suyos, pero sí los trata así.

      Ahora bien, dices que el caso presente es excpcional. Lo es, puesto que hablamos de un asesinato. Peor hay otros muchos casos que no desembocan en una tragedia como esta y en los que las madrastras tratan malamente a sus hijastros.

      Por lo demás, a esta mujer se le veía de lejos su estilo arribista, que podría pagar el hijo. Como dije me he encontrado con varias en mi vida, en España (cuando estaba soltero y sin hijos) y en Estados Unidos (ya divorciado y con dos hijos conmigo). ¿Si me hubiera unido a alguna aquí hubiera asesinado a mis hijos? Hombre, no lo creo. Pero sí les hubiera dado mala vida, de eso estoy completamente seguro.

      Como bien dices, hay que tomar precauciones. Y eso es lo que este hombre no hizo.

      Y sí, el divorcio trae que muchas veces quienes pagan las consecuencias son los hijos. No hablo solamente de este caso, extremo como bien dices, sino en general. Pero bueno (o malo), ese es otro tema.

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  2. Una culpabilidad terrible de este padre y sublime, con mayúscula, la protección que tiene Patricia hacia él, en este aspecto.

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