miércoles, 16 de octubre de 2013

Todos los niños tienen derecho a un padre y una madre

 
Cuando se habla de la adopción por parte de las parejas homosexuales siempre los que la defienden ponen el acento en su derecho a adoptar en las mismas condiciones que las parejas heterosexuales. Es un error. Los derechos de las parejas de homosexuales, de las parejas de heterosexuales, o de los solteros están por debajo de los derechos del niño a tener un padre y una madre.

Ese es el punto y no otro. Lo natural en esta vida es que un niño tenga un padre y una madre, no dos padres, o dos madres, o un solo padre, o una sola madre.

Se me dirá que la legislación española permite la adopción por personas solteras. Es un gran error. Nuevamente defiendo que cuando un niño es dado en adopción se debe buscar un hogar en el que se reflejen de la mejor manera posible las condiciones que debieron darse en circunstancias normales, que son un padre y una madre.

Se me podrá hablar de madres solteras, de padres solteros, de padres divorciados (es mi caso), de viudos y viudas. Son circusntancias no deseables, de las que no estamos hablando aquí, y en las que, lógicamente, los niños quedan con su padre o madre que está solo o sola. Aquí hablamos de adopción.

Añado más. Conozco en mi trabajo dos mujeres que son homosexuales, extraordinarias personas las dos. Una de ellas vivió en pareja con otra mujer hasta hace poco, junto a su hija y su sobrino, viviendo en la misma casa. La otra sigue viviendo con su pareja, junto a dos hijos, uno de cada una de ellas. La situación me podrá parecer mejor o peor, pero no es mi vida. Cada cual cría a sus hijos a su mejor saber o entender. Y además, independientemente de mis opiniones morales, no creo que sea una buena idea arrancar a sus hijos de sus madres naturales (o de sus padres naturales) por el hecho de que éstas (o éstos) sean homosexuales. Punto.

Pero cuando hablamos de adopción hablamos de otro tema. Hablamos de decidir que es lo mejor para el niño a quien se va a dar en adopción. Hay cinco posibilidades. Un padre y una madre, un solo padre, una sola madre, dos padres o dos madres. Pues bien, yo defiendo que lo mejor para el niño es la primer posibilidad, y que ese derecho del niño debe estar por encima de los derechos de los adultos en cualquiera de las cinco posibilidades, porque todo niño tiene derecho a tener un padre y una madre.

3 comentarios:

  1. ¿En serio el argumento esgrimido es que se debe defender lo que resulta más natural para el niño? ¿Lo más natural? Lo más natural es vivir en cuevas, cazar nuestra comida y, en el caso de un niño huérfano, probablemente morir de hambre. Se marica es mucho más natural que hablar por el móvil, y que dos homosexuales adopten a un niño, tan natural (o poco natural) como que lo haga una pareja heterosexual. No confundas lo natural con lo frecuente, y, si no lo confundes, no hagas como que sí.

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  2. La pregunta es, ¿Por qué los niños tienen derecho a un padre y una madre?

    Y aun cuando esta respuesta se responda de forma satisfactoria surge otra, ¿Qué es mejor, tener sólo un padre, sólo dos madres... o permanecer en el orfanato hasta los 18?

    Si los niños en orfanatos fueran poco se podría entender el favorecer a unos padres u otros, pero habiendo tanta gente que con gusto se iría con un sólo padre o una madre...

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  3. Mal tema en un blog liberal. Pero eso es una afirmación superficial. En realidad lo que está en observación aquí es lo superficial de la perspectiva mostrada en el texto.
    Muchísimos hijos nacidos en familias "naturales", reciben horribles abusos, daños psicológicos irreparables, precariedades físicas, morales y/o espirituales. En cambio, hay homosexuales con muchos valores y preparación envidiable para darle a los niños una calidad de vida y una educación que los haga mejor seres humanos.
    Creo que el criterio de discriminación (porque hay ocasiones en los que es correcto discriminar, y el momento de dar a un chico en adopción debería ser uno de ellos) debería estar enfocado prácticamente en los mejores intereses del niño en cuestión. En pocas palabras, lo que se debería medir en la persona o personas que quieren adoptar, no es su orientación sexual, sino su capacidad mental, social e incluso económica, para poder educar exitosamente a un niño.

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