viernes, 18 de diciembre de 2009

Partidocracia en España (65): El caso de Rodríguez Sahagún 1989

Fue en 1987. Las elecciones municipales de Madrid dieron 24 concejales al PSOE, 20 a Alianza Popular, 8 al CDS y 3 a IU. En estricta democracia los ciudadanos debieron elegir en segunda vuelta entre el candidato aliancista y el socialista, pero claro, eso no ocurrió, y fueron los partidos políticos los que suplantaron la decisión de los ciudadanos. El PP votó a su candidato, el CDS hizo lo propio, y Barranco ganó la Alcaldía con los votos de PSOE e IU.

Pero dos años después, en 1989, las cosas cambiaron, y nuevamente fueron los partidos políticos y no los ciudadanos los que decidieron. AP y CDS unieron fuerzas para sacar al socialista de la alcaldía madrileña, y colocar en su lugar... ¡al centrista Sahagún!, que había obtenido el tercer lugar en la elección municipal, muy alejado de los dos primeros (PSOE y AP). Pero, claro, AP quería llegar al Ayuntamiento de Madrid, aunque fuera sin la Alcaldía, y para ello no dudó incluso en apoyar a un candidato que obtuvo muchísimos menos votos que ellos.

Fue así como AP entonces, el PP ahora, llegó al Ayuntamiento de Madrid, a través de aquella moción de censura al PSOE, apoyando a uno de los candidatos dentro del consistorio con menos apoyo ciudadano en votos. Cosas de las partidocracia española, que deja la decisión en manos de los partidos políticos, en vez de en manos de los ciudadanos.

España, partidocracia (serie)

1 comentario:

  1. Un apunte a tu serie sobre la partidocracia. Estoy de acuerdo en el diagnóstico, pero la solución que propones es solo tu apreciación personal, existen otras y no desde luego peores.

    Hablas constantemente de partidos, pero consideras que se eligen a los políticos. El sistema es engañoso, y hay que aclarar que no se elige a ningún representante, sino a los partidos que los decidirán. Por tanto, la segunda vuelta sería un apaño, más que una solución completa y coherente.

    Hay una propuesta a lo que comentas, sobre la reforma del artículo 99 de la constitución, donde en la primera vuelta se votarían a formaciones políticas, y en la segunda al representante en el poder ejecutivo de los candidatos de las dos fuerzas políticas mayoritarias.

    Pero esta reforma sigue sin contemplar la independencia de los diputados respecto de su jefe de partido, que aunque se vería minimizada, en la práctica podría ser la misma. Algo similar respecto del poder judicial. Los representantes han de pasar todos por el filtro de los ciudadanos, y lo que no sea esto, deje de ser en la misma medida, democracia, «estrictamente» hablando. Saludos

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