lunes, 30 de enero de 2023

Odio

No voy a hacer más publicidad a la chica que, dejando clara su falta de educación, dedicó su discurso en una entrega de premios a insultar a Isabel Díaz Ayuso. No lo escuché (ni me apetecía ni me apetece), pero lo que leí del mismo destilaba odio. Un odio que solamente es el resultado de una semilla que tiene nombre y apellido. Pablo Iglesias.

Hasta que llegó este sujeto a la política española la misma discurría por malos senderos, hay que reconocerlo. Pero este elemento ha conseguido empeorarlos. Y mucho. Ese odio que destila en cada una de sus intervenciones ha logrado, por lo que veo desde la distancia (Estados Unidos), ir calando poco a poco en la sociedad y hoy en día hay una parte de ella que considera ilegítimas las ideas de la otra parte, considerando a sus miembros auténticos enemigos.

Cuidado con eso. Se puede discutir de todo, pero siempre con respeto. Cuando entra el odio ese respeto desaparece y su lugar lo ocupa el escalón siguiente, la violencia. Ya lo hemos visto cuando la extrema izquierda ha atacado y ataca físicamente a representantes de partidos políticos que ellos consideran enemigos (Vox se lleva el lamentable premio, pero también están PP y Ciudadanos, y últimamente hasta socialistas que defienden posiciones feministas tradicionales).

Se está jugando con la convivencia ciudadana. Y eso puede acabar muy mal. Algunos aventuran una guerra civil. Estoy seguro de que la cosa no llegará a tanto. Pero sí podemos llegar a ver enfrentamientos civiles puntuales, incluso con muertos. Ojalá se pare la bola de nieve a tiempo. En las próximas elecciones. Porque los experimentos se hacen en casa y con gaseosa, no en la sociedad y con odio.

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