sábado, 3 de septiembre de 2011

Perros bulldogs terroristas uniformados

Están acostumbrados a aterrorizar, y quieren estar por encima de la ley, por eso se niegan a llevar los números que les identifiquen. Golpean sin pensarlo dos veces. No quieren detener, identificar y poner a disposición judicial, que es lo que deberían hacer es un país civilizado. Se convierten en policías, fiscales, jueces y verdugos, decidiendo el castigo por palabras y aplicándolo con contundencia. Los castigos corporales están prohibidos, pero ellos los llevan a la práctica sin miramientos. Agreden, golpean, apalean; en el rostro, en la cabeza, en el cuerpo, en las extremidades.

Más que policías son psicópatas amantes de la violencia.

Siempre que veo un vídeo de brutalidad policial me hago la misma pregunta: ¿Cuántas veces han llevado a la práctica dicha brutalidad sin que haya quedado constancia filmada de ello? La respuesta es evidente: Muchas, muchísimas.

Está claro que no todos los policías son así. Pero también está claro que hay policías que más que policías son perros bulldogs terroristas uniformados.





4 comentarios:

  1. Me parece excesivo llamarles terroristas uniformados. Intervienen cuando les ordenan contra gente que está haciendo algo ilegal, manifestándose en la vía pública sin autorización y cortando el tráfico o impidiendo el comercio en la zona afectada. Gente que encima se dedica a insultarles y cosas peores.

    La gente puede maniferstarse, incluso sin autorización, pero procurando no perjudicar a nadie y sin armar jaleo. Por ejemplo, portando letreros y paseando por una acera pacíficamente. Cuando no lo hacen así, cuando meten bulla o molestan a los transeúntes o a los comerciantes y no obedecen las órdenes de disolución, se exponen a que les desalojen de manera más violenta. El Estado democrático tiene el monopolio de la fuerza, no lo olvidemos.

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  2. tienen orden escrita de no tocar a estas juventudes hitlerianas

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  3. No le va a salir gratis no. Van a estar escribiéndole gilipolleces en los comentarios hasta el siglo XXIII.

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