lunes, 16 de abril de 2007

Cambiar la Altivez por la Humildad

Decía B. Pascal, que el ser humano comete dos excesos: “excluir a la razón, y no admitir más que a la razón”.

Por supuesto que el “equilibrio entre razón y fe es el que nos hace cuerdos”; pero es de cuerdos también admitir que la libertad de Dios para intervenir en la historia y en las llamadas leyes naturales es un derecho de Él, que no puede limitar nada más que su propia responsabilidad moral para consigo mismo y para con la libertad y el libre albedrío de los hombres.

Dios es libre, y ni el capricho del hombre, ni su intelecto, ni su raciocinio, ni su opinión sobre cómo debería comportarse Dios, pueden poner freno a esa libertad. No es nuestra razón precisamente algo que pueda frenar al Creador.

No se trata de cambiar el cerebro por una Biblia; no, no pide Dios un suicidio intelectual.

Se trata de que reconozcamos nuestras limitaciones como criaturas finitas y dependientes del Creador; y no intentemos poner nuestra razón por encima de cosas suprarracionales como el mundo espiritual o los designios de la Divinidad.

Intentar meter a Dios dentro del método científico; es lo mismo que querer meterle bajo un microscopio; es lo mismo que decir que Dios es un “dios” tan pequeño que se le puede medir, analizar, estudiar, comparar; es decir que somos más grandes que Él; es pecado…es blasfemia.

El libro del Génesis no es un libro de historia, ni de geología, ni de antropología; es un libro religioso que narra las verdades de Dios, para ser entendidas por todos los seres humanos de todas las épocas y todas las culturas… las narra a su manera; pero las narra sin error…sin un ápice de error.

No veo el peligro que representa la defensa de que el ser humano no es una ameba evolucionada; más peligroso es considerar al hombre de igual valor biológico que una cucaracha; de esa doctrina es de donde viene la defensa de la eutanasia, del aborto, de la eugenesia, del horno crematorio, del desprecio por la vida; y otras que tanto daño han hecho, hacen, y harán en nombre de la razón. Razón que por cierto, creó Dios perfecta, y un día, en el jardín del Edén, fue trastornada por una cosa que la razón de algunos no admite: el pecado original, la desobediencia a Dios, el poner nuestra razón por encima del Altísimo.

No, no hay que cambiar el cerebro por una Biblia; hay que ser humildes y aceptar que Dios nos hizo; y no nosotros a nosotros mismos. Qué Dios es Él; no nosotros.

Que el Señor os bendiga.

4 comentarios:

  1. ¿No es algo contradictorio escribir "Humildad", con mayúscula? :-)

    No creo que haya Creador; en cualquier caso, no estoy seguro de que practicar la Teología sea menos pecado de orgullo, o el que corresponda, que "intentar meter a Dios dentro del método científico". Tampoco creo que sea absurdo.

    "Más peligroso es considerar al hombre de igual valor biológico que una cucaracha". Así es. Sin embargo, para hacerlo hay que situarse fuera de la especie humana, en una posición que, de haber Dios, ocuparía Él; un Dios, más concretamente, que no tuviese un lugar especial para el hombre. Es una de las paradojas de las doctrinas que se creen ateas sin serlo en realidad.

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  2. Desde luego, esto de la humildad s como una impresora multifunción:

    Que eres ateo, pues necesitas humildad para creer en Dios; que eres creyente, necesitas humildad para comprender la grandeza del universo; que le corriges a uno un post, necesitas humildad para dejar que perdure en su error; que no se lo corriges, necesitas humildad para no ignorarle desde tu posición altiva...

    Ay esta humildad... Que vale para un roto y para un descosido.

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  3. Y, ya sea uno ateo o creyente, es útil la humildad para no creerse un dios, o un elegido de Dios, o de la Historia, o de algún otro Dios, o dios.

    La humildad es realmente una virtud. Hay un vicio asociado a su exceso, o parecido a él; pero eso ocurre con todas las virtudes (al menos las no teologales, de esas no sabría decir ahora): la temeridad al valor, la cobardía a la prudencia...

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  4. La humildad es realmente un gran Defecto.

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