miércoles, 22 de mayo de 2019

Bochorno

Ayer, antes de acostarme, tuve tiempo de escuchar la serie de pequeñas entrevistas que Iñigo Alfonso, en RNE, hizo a los líderes políticos, previamente a la constitución del Congreso de los Diputados. Cuando escuché al líder de ERC, Joan Tardá, me temí lo peor. Altivo, prepotente, retador. Iba de sobrao (pero muy sobrao, mucho).

Pues bien (es un decir, claro), lo que yo me temía pasó. Decir que ha sido un circo es poco. Ha sido un espectáculo completamente bochornoso, indigno de un lugar que, al menor en teoría, representa la democracia española. Los alegatos de los independentistas en el momento del juramento o promesa de respetar la Constitución producen vergüenza ajena. No por ellos, que ya han demostrado sobradamente en muchas ocasiones lo que son capaces de hacer (y no solamente con la sedición, sino, por poner un ejemplo solamente, con el amordazamiento de la oposición en el parlamento catalán). La vergüenza ajena es por una Presidenta del Congreso y un Presidente de Gobierno (ella está puesta por él, no lo olvidemos) que han permitido que el momento de la jura o promesa de la Constitución haya sido aprovechado de hecho por los independentistas para pisotear dicha Constitución.

La ley debería ser clara y tajante, permitiendo únicamente dos fórmulas: "sí, juro" o "sí, prometo", sin ningún añadido. Por lo tanto, debería cambiarse. Pero mientras tanto usar ese momento para hablar de "republicana catalana", de "presos políticos" y demás, todo permitido por la Presidenta, es una falta de vergüenza absoluta, un total bochorno político. Para darse cuenta del lado del que están los socialistas solo hace falta ver que, cuando Meritxell Batet fue interpelada por Albert Rivera por el circo de las formulas de acatamiento imaginativas y ella le respondió aceptando todas esas formulas de (supuesto) acatamiento de la Constitución, los secesionistas prorrumpierton en un espectacular aplauso a ella.

Un líder socialista entregado al pactismo con políticos secesionistas de esta ralea, un líder comunista abiertamente del lado de los mentados secesionistas, un líder pepero desaparecido, un líder voxero más pendiente de montar su circo particular que de otra cosa. La única dignidad la ha puesto Albert Rivera. Se ha enfrentado a la Presidenta y a estos sujetos secesionistas.



Algunos dirán que lo ha hecho por electoralismo, por afán de protagonismo, por intentar robarle la primacía de la oposición a Casado o por todas las cosas a la vez. Puede ser. Incluso es probable. Pero me importa un pimiento. Había que hacerlo, alguien lo tenía que hacer y él lo ha hecho. Eso es lo importante para mí.

Hoy por hoy, en medio de todo este bochornoso espectáculo (que me temo que no ha hecho sino comenzar), provocado por los independentistas catalanes y permitido por los socialistas, solamente veo una pequeña luz de esperanza: Albert Rivera y Ciudadanos.

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