viernes, 9 de noviembre de 2018

Periodismo basura

Me llamaron mucho la atención estos dos
primeros párrafos que leí
en un texto sobre otro
tema en el blog de El Liberal de Bilbao:


Cada día estoy más convencido de que la primera señal de la mentira en el periodismo son los adjetivos. El periodismo consiste en contar hechos, y el periodismo bien hecho exige que aquéllos se cuenten lo más fielmente posible. Esa fidelidad no se debe a una causa ni a los lectores, sino a los hechos. El periodista cuenta los hechos, y el lector reacciona de una manera o de otra. Presentar los hechos de una manera alternativa para intentar llevar esa reacción a donde uno quiere es mentir. Salvo que se haga sin pretensión de veracidad; eso es lo que llamamos ficción.

¿Para qué sirve el adjetivo en un texto periodístico? En ocasiones, sí, para describir con más precisión un hecho. “Lluvia fina” y “lluvia torrencial” son hechos distintos. Pero también puede servir para añadir connotaciones a un hecho. Connotaciones que pasan de la mente del periodista a la mente del lector. Connotaciones que en realidad son añadidos que no pertenecen ni pueden pertenecer al terreno de los hechos. El adjetivo en esos casos no describe el hecho sino que lo valora. Si compartimos la idea de que la realidad es algo externo al sujeto, entonces la descripción de un hecho es, con todos los matices epistemológicos que queramos, algo objetivo. En cambio, la valoración de un hecho no dice nada sobre el hecho, sino sobre el sujeto que valora ese hecho. Cuando esa valoración va en la sección de Opinión es hasta cierto punto comprensible. Si el artículo está plagado de adjetivos y apenas hay referencias objetivas, será simplemente una opinión en sentido literal, platónico. El problema, por llamarlo de algún modo, es que un texto con enfoque valorativo sea presentado como noticia.



Tanto que metí el artículo en mis favoritos hasta mejor ocasión. Ahora.

Y es que esos adjetivos de opinión hoy en día están por casi todas partes en el (al menos teóricamente) periodismo. Incluso en los titulares, que ya es el colmo. Pero en las noticias uno se los encuentra a paladas. Dos ejemplos recientes (cito de memoria). Un artículo que habla del "golpista Jordi Sánchez" y otro que lo hace del "partido de extrema derecha Vox". Y sí, Jordi Sánchez es un golpista y Vox es un partido de extrema derecha. Pero no se trata de eso. De lo que se trata es que cada vez es más descarado, más obseceno, el intento de manipular de estos "periodistas".

La narración de los hechos objetivos en un artículo periodístico es más la excepción que la regla, por desgracia. Se mezcla continuamente información y valoración encubierta (aunque, repito, cada día más descarada).

Eso lleva a que lo que vemos hoy en día por todas partes y desde todas las ideológicas es simplemente un periodismo basura. Con honrosas excepciones, está claro. Pero que no son ni de lejos la norma de un periodismo objetivo.

Y claro, luego los periodistas se quejan de bajos salarios, de que el periodismo está en crisis, de que la gente casi no compra peiódicos de papel, de que los usuarios de internet cada vez huyen más de los digitales para refuguiarse en las redes sociales y un sinfín más de lloros. Algo que se han buscado ellos a pulso. Y que siguen haciendo esfuerzos para que continúe pasando.

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