martes, 9 de enero de 2018

El día que la policía retuvo y registró a mi hijo de pies a cabeza

Primero los hechos. Mi hijo llegó caminando a la iglesia, la cual estaba aún cerrada, por lo que, mientras aparecía alguien para abrirla, decidó pasear un rato por los alrededores (un barrio de casas), con las manos metidas en los bolsillos de la cazadora, pues hacia algo de frío. Posteriormente se enteró de que una vecina le vio desde dentro de una casa y avisó a la policía de que había un joven merodeando por los alrededores, posiblemente armado y con la intención de robar en algun domicilio. Mientras él continuaba su inocente paseo con las manos en los bolsilos esperando que alguien abriera la iglesia llegaron dos coches de policía con tres policias en total, que se bajaron de los automóviles a una cierta distancia de él y le gritaron que sacara las manos de los bolsillos; él automáticamente las sacó, abiertas, colocándolas una a cada lado de la cara; le dijeron que las colocara detrás de la cabeza, lo cual él hizo; le ordenaron que se colocara de espaldas, lo cual él también obedeció. Llegaron hasta él dos de los policías, mientras el otro se mantenía a distancia, y uno de ellos le registró de pies a cabeza. Ya más tranquilos, al comprobar que no llevaba ningún arma, le preguntaron cual era el motivo de que estuviera paseando por el barrio y él se lo explicó. Le preguntaron si tenía una ID (identificación con foto) de Texas y él dijo que sí, pero que no la tenía con él. Le preguntarón por su nombre y apellidos y su domicilio, los cualés el facilitó, ante lo cual uno de los polícias, mientras el otro se quedaba custodiando a mi hijo, se fue a uno de los coches y metió ese nombre en la base de datos, comprobando que mi hijo no tenía problemas con la ley. Cuando regresaba el policía llegó el pastor de la iglesia para abrir el edificio; le preguntaron que si conocía a mi hijo, a lo que respondió que sí, que era un joven que asistía regularmente a su iglesia y que era un buen muchacho. Los policías le explicaron al pastor y a mi hijo lo ya relatado aquí de la llamada a la polícia y se fueron, dejando a mi hijo en total libertad.

Ahora mi valoración. Evidentemente cuando mi hijo me lo contó me sorprendió y no me sentí muy feliz, particularmente con la desconocida asustadiza vecina que llamó a la policía, pero también con la policía por comportarse así por el solo hecho de que mi hijo estaba paseando por una zona de casas con las manos en los bolsilos. Pero después entendí que la situación había sido un malentendido y punto. La vecina se sintió amenazada, viendo a un joven desconocido caminando con las manos en los bolsillos en una zona donde nadia va a pie, y llamó a la policía (exagerando un poco -al menos- la situación, evidentemente). La policía siguió un protocolo de registro e identificación, sin que ninguno de los agentes llegara a sacar su arma. Y no sacaron el arma porque, gracias a Dios, yo le he dicho a mi hijo una y mil veces que en una situación en que tuviera que intervenir la policía (estando yo casi seguro de que eso jamás sucedería) él siguiera a rajatabla las indicaciones de los agentes; y tampoco sacaron el arma porque, también gracias a Dios, mi hijo decidió seguir mi recomendación y obedecer a los policías.

Evidentemente la situación no hubiera sido la misma si mi hijo, cuando la policía le dijo que sacara las manos de los bolsillos, les hubiera contestado, por ejemplo, que no tenía por qué sacarlas, porque no estaba haciendo nada malo, manteniendo sus manos dentro de los bolsillos. Estoy seguro que ante ello los policías le hubieran encañonado con sus pistolas. Gracias a Dios eso no sucedió.

No estoy contando esto con ninguna intención. Sé que en Estados Unidos existen policías de gatillo rápido. Por eso es importante ante cualquier situación en la que intervenga la policía hacer exactamente lo que ellos dicen. Así se evitan males mayores, que en algunos casos se tornan en irremediables.

En mi caso estoy enormemente agradecido a Dios de que lo anterior no sucedió con mi hijo, y que la cosa quedó finalmente en un susto (y una experiencia para contar por aquí).

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