jueves, 4 de enero de 2018

La catalana, una sociedad enferma

Será mi mente lógica, de sentido común, ordenada, cuerda (creo). Pero el caso es que comprendo que haya personas fanatizadas que no se enteren de que hay un muro frente a ellas hasta que se abren una brecha en el mismo centro de la frente. Pero lo que no comprendo (para nada) es que sean tantas.

Con la que ha caído durante el procés (millones y millones de euros tirados literalmente a la basura en esta cosa sin ningún sentido práctico, mentiras a mogollón de los políticos independentistas a sus propios seguidores, fuga brutal de empresas y un largo etcétera de despropósitos) y ahora resulta que nos encontramos con esos números: más de dos milloes de personas (el 47.5% del personal) apoyan este engendro con los ojos cerrados (los votantes de JuntsxCat, ERC y la CUP), mas de trescientos mil (el 7.5%) se van con esa cosa pastosa deforme anarcocomunista de CatComú-Podem y finalmente más de seiscientos mil (el 14%) optan por el ni fu ni fa del PSC. En total 47.5% de fanaticos a tiempo completo, 7.5% a tiempo parcial y 14% medio pensionistas. En torno a un 69%.

Añadir que no entiendo como pueden votar a políticos de la catadura (a nivel personal, independientemente de sus ideología o sus ideas personales) como Puigdemont, Colau, Iceta o Junqueras, los cuales, en mayor o menor grado, producen vergüenza ajena. Me recuerdan, salvando las naturales distancias, a Antonio Hernández Mancha; con la diferencia de que a aquel político los votantes le dieron una patada en el trasero rápidamente, mientras que a estos otros los manitienen en sus puestos cos sus votos. Repito, no me entra en la cabeza.

Pero bueno, volviendo a los números, redondeando, dos de cada tres catalanes están en posiciones que van desde la ambigüendad (PSC) hasta el fanatismo más absoluto (CUP) pasando por el estado intermedio de CatComú-Podem y los fanatismos algo más ilustrados de JuntsxCat y ERC. Y, repito, eso después de la que ya ha caído. Y que parece que no quieren que pare. Lo dicho, una sociedad enferma la catalana.

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