miércoles, 3 de octubre de 2018

Los cuatro casos en los que el arzobispo Carlo Maria Viganò acusa en su última carta pública al Papa Francico de ser protector de abusadores sexuales

Los cuatro casos en los que el Papa Francisco habría participado en encubrimiento de abusos sexuales, en palabras literales de Viganò, son los siguientes:

"Además, el encubrimiento de [el cardenal Theodore] McCarrick por parte del Papa claramente no fue un error aislado. Recientemente se han documentado muchos casos más en la prensa, lo que demuestra que el Papa Francisco ha defendido al clero homosexual que cometió graves abusos sexuales contra menores o adultos. Estos incluyen su papel en el caso del Padre Julio Grassi en Buenos Aires, la reincorporación del padre Mauro Inzoli después de que el Papa Benedicto lo había sacado del ministerio (hasta que fue a prisión, momento en el cual el Papa Francisco lo laicizó), y la detención de la investigación de acusaciones de abuso sexual contra el Cardenal Cormac Murphy O’Connor" (las negritas son mías).

Vamos con ellos.

Cardenal Theodore McCarrick. ...Era un secreto a voces en el seminario que el arzobispo “shared his bed with seminarians” [“compartía su cama con seminaristas”], e invitaba a cinco cada vez para que pasaran con él el fin de semana en su casa de la playa. Y añadía que conocía a un cierto número de seminaristas, algunos de los cuales fueron ordenados en la archidiócesis de Newark, que habían sido invitados a susodicha casa y habían compartido cama con el arzobispo... los hechos atribuidos a McCarrick por Littleton eran tan graves y abominables que provocaban en el lector desconcierto, repugnancia, profunda pena y amargura. Dichos hechos configuraban crímenes de captación; incitación a actos obscenos de seminaristas y sacerdotes, repetidos y simultáneos con más personas; escarnio de un joven seminarista que se resistió a las seducciones del arzobispo en presencia de otros dos sacerdotes; absolución del cómplice en los actos obscenos; celebración sacrílega de la Eucaristía con los mismos sacerdotes tras haber cometido dichos actos... El cardenal Angelo Sodano fue Secretario de Estado hasta septiembre de 2006: a él le llegaba toda la información. En noviembre de 2000, el Nuncio Montalvo le envió su informe transmitiéndole la citada carta del padre Boniface Ramsey en la que denunciaba los graves abusos cometidos por McCarrick... Al cardenal Tarcisio Bertone, como Secretario de Estado, se le remitió el informe del Nuncio Sambi con todos los documentos adjuntos y, presumiblemente, el Sustituto le entregó mis dos Notas anteriormente citadas, la del 6 de diciembre de 2006 y la del 25 de mayo de 2008... Le respondí [al Papa Francico] con total franqueza y, si lo desean, con mucha ingenuidad: “Santo Padre, no sé si usted conoce al cardenal McCarrick, pero si le pregunta a la Congregación para los Obispos, hay un dossier así de grande sobre él. Ha corrompido a generaciones de seminaristas y sacerdotes, y el Papa Benedicto le ha impuesto retirarse a una vida de oración y penitencia”... Era evidente que a partir de la elección del Papa Francisco, McCarrick, liberado de cualquier obligación, se sentía libre de viajar continuamente, dar conferencias y entrevistas.

Cura Julio Grassi. Todo iba sobre rieles hasta que en octubre de 2002 un prestigioso programa de investigación periodística recogió los testimonios de algunos menores que denunciaron los abusos sexuales del cura, ante los medios y ante la Justicia... Pasaron 15 años. Cada fiscal o juez que revisó el caso llegó a la misma conclusión: era culpable... En los últimos años, jueces y obispos recibieron en sus despachos cuatro tomos de un libro titulado Estudios sobre el caso Grassi. Los firmaba un prestigioso abogado argentino. En esos centenares de páginas se presentaban argumentos en favor de la inocencia del cura, pero también se especulaba con que muchas veces los verdaderos abusadores denuncian abusos contra ellos para enmascarar su perversión, se comparaban las denuncias de abusos que involucran a sacerdotes con la persecución que sufrieron las brujas en la edad media, entre otras maravillas... Ese libro, justamente, contiene un párrafo que complica al Papa. En su tomo cuatro dice textualmente: "Con ello, se concluyen estos estudios sobre el caso Grassi y así la labor encomendada en el 2010 por la Conferencia Episcopal Argentina, en particular por parte de su por entonces presidente, cardenal Jorge Bergoglio, hoy Su Santidad, Francisco, Papa".
Algo más también sobre Grassi. Porque, sí, la Conferencia Episcopal Argentina, entonces presidida por el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, encargó en 2010 una contrainvestigación sobre el caso Grassi. Los resultados se entregaron al tribunal, un texto en el que se acusaba a los niños que habían denunciado abusos por parte de Grassi de “falsedades, mentiras, engaños e invenciones”, algo similar a lo que ha hecho el Cardenal Rodríguez Maradiaga con los 46 seminaristas que han denunciado la ‘dictadura gay’ que impera en el seminario mayor de Tegucigalpa. Un ex magistrado del Tribunal de Apelación que recibió el texto lo define como “una sutil forma de presión sobre los jueces”. De atender los testimonios de los niños que denunciaron, no fue la única o siquiera la mayor, aunque en su caso es imposible determinar la autoría. Fueron amenazados y calumniados hasta el punto de que uno de ellos tuvo que integrarse en un programa de protección de testigos. Es este el que expresa el testimonio más lesivo para el entonces arzobispo de Buenos Aires: “Nunca olvidaré lo que el Padre Grassi repetía todo el rato durante el proceso: “Bergoglio nunca me ha dejado de su mano”.

Cura Mauro Inzoli. Como Michael Brendan Dougherty informó el año pasado en The Week: «Inzoli… había sido acusado de abusar de niños. Supuestamente, abusaba de menores en el confesionario. Incluso llegó a enseñar a los niños que el contacto sexual con él estaba legitimado por la Escritura y su fe. Cuando su caso llegó a la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue declarado culpable. Y en 2012, bajo el pontificado del Papa Benedicto, Inzoli fue apartado del sacerdocio. Pero hemos sabido que [Inzoli] tenía “amigos cardenales”. El cardenal Coccopalmerio y mons. Pio Vito Pinto, ahora decano de la Rota Romana, intervinieron en favor de Inzoli, y el Papa Francisco le readmitió al estado sacerdotal en 2014, invitándole a “una vida de humildad y oración”. Estas restricciones no parecen haber preocupado mucho a Inzoli. De hecho, en enero de 2015 participó en una conferencia sobre la familia en Lombardia. Este verano, las autoridades civiles han concluido el juicio de Inzoli, condenándole por ocho de los cargos. Otros quince habían prescrito. La prensa italiana ha machacado al Vaticano, en concreto a la Congregación para la Doctrina de la Fe, por no haber compartido la información que tenía del juicio canónico con las autoridades civiles. El propio Papa podría haber permitido que la Congregación para la Doctrina de la Fe compartiera esta información con las autoridades civiles si él lo hubiera deseado».

Cardenal Cormac Murphy O’Connor. Müller se dirige a la sacristía, donde le recibe un malhumorado Francisco, que apenas lleva tres meses en el solio pontificio, y le da órdenes perentorias para que la congregación que dirige Müller suspenda inmediatamente una acusación abierta sobre uno de los amigos del Pontífice. Según Tossati, que ha investigado el asunto en colaboración con LifeSiteNews, el amigo en cuestión no es otro que el Cardenal Murphy-O’Connor, antiguo Arzobispo de Westminster y presidente de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, investigado por la CDF a raíz de la denuncia de una mujer que aseguraba haber sufrido abusos por parte de un sacerdote... La mujer protagonista de la denuncia lleva ya quince años acudiendo a las autoridades eclesiásticas para que se investiguen sus alegaciones, según las cuales sufrió abusos sexuales por parte de un sacerdote cuando tenía 13 o 14 años. El cardenal inglés murió el 1 de septiembre del año pasado sin que hubiera tenido que someterse a investigación alguna por esta causa... La mujer alega haber sido abusada cuando tenía 13 o 14 años por el Padre Michael Hill... Hill fue más tarde, en 2002, condenado a cinco años de cárcel por abusar de tres menores entre 10 y 14 años. Ya antes, en 1997, había pasado por la cárcel por un delito similar. Se le acusa de haber atacado a una treintena de varones menores de edad entre su ordenación en 1960 y finales de los años ochenta. En su día, el diario británico The Guardian comentó: “Su caso es especialmente notorio por que la autoridad eclesiástica, el Cardenal Cormac Murphy-O’Connor, le dio un cargo pese a las advertencias de que había abusado de niños”. Hill había sido trasladado de una parroquia a otra, pese a las protesas de los padres... Según informes posteriores, varios terapeutas habrían advertido a Murphy-O’Connor que Hill volvería a abusar de niños.

Añado que estos no son los únicos casos, ni mucho menos, como ya he copiado por aquí. Y este señor que ha obstaculizado investigaciones de abusadores sexuales de menores es el que dirige la religión más grande del mundo. Y no pasa nada. Me quedo sin palabras.

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