jueves, 15 de junio de 2006

Cambiando primero lo interior y después lo exterior

Me gusta la política. En realidad más que gustarme me encanta. Pero he de confesar que la mayoría de las veces en la misma proporción que me fascina me frustra. Y es que en todas las ideas políticas veo, de una forma o de otra, las mismas o muy parecidas buenas intenciones. La paz, el progreso, la abundancia, por poner un ejemplo, son conceptos en general defendidos por todos. Pero desgraciadamente lo que en la mayoría de los casos tenemos son sociedades llenas de violencia, donde muchas veces lo que se padece es un retroceso en muchas áreas, y donde la miseria (moral y material) campa por todos lados.

Y me pregunto por qué. Por qué si todos defienden lo bueno, el resultado es lo malo. Por qué si todos defienden lo maravilloso, el resultado es lo espantoso. Cómo puede suceder que teniendo todos tan buenas ideas y tan excelentes intenciones, al final lo que podamos comprobar en nuestra vida práctica sea en muchos casos el desastre y el horror.

Creo que la respuesta nos la da, como siempre, Jesús: "Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre".

Por duro que sea, la realidad nos demuestra que es así. El ser humano decide libremente en su corazón seguir el camino equivocado, que es, en resumidas cuentas, el camino del egoísmo, y los males de esa decisión se muestran en toda la sociedad. Unos males que los políticos intentan solucionar, pero que, como radican en el interior del ser humano, es imposible que lo consigan.

Las decisiones políticas, tomadas por políticos con buenas intenciones, son buenas; es más, son necesarias. Pero no nos engañemos. Lo único que harán será paliar de uno u otro modo los síntomas negativos de la sociedad, porque no pueden llegar a la enfermedad, que está en el corazón humano.

¿Cuál es la solución? Solo una: Jesús; El dijo: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". Una verdad que se reduce única y exclusivamente, de nuevo, a una Persona: Jesús, Quien dijo "Yo soy la verdad".

Cuando el ser humano entrega libremente su vida a Jesús, decidiendo conocerle a El y seguirle a El, Jesús transforme una vida. Y la suma de personas entregadas libremente a Jesús puede hacer que El transforme una familia, un barrio, una ciudad, un país entero. Será así cuando el cambio operado por Jesús en el interior de los seres humanos que se han entregado a El se refleje finalmente en un cambio radical de la sociedad que componen esos hombres y mujeres.

La política y los políticos intentan cambiar lo exterior; por eso una y otra vez, como nos demuestra la experiencia, fracasan. La única solución es que individualmente cada ser humano haga su parte, entregando libremente su corazón y su vida a Jesús. Y será entonces cuando, una vez que Jesús haya cambiado lo interior, el ser humano pueda hacer su parte para cambiar lo exterior.

Artículo publicado originalmente en Spero Press

1 comentario:

  1. Hay que reconocer que tienes valor y valores para reconocer públicamente que eres creyente y encima cristiano.

    Si tan sólo sustituyeras Jesús por el Divino o Dios tu mensaje podría ser más universal y yo suscribirlo.

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