martes, 23 de julio de 2019

Si no hay Dios, "comamos y bebamos (y abusemos de nuestros semejantes) que mañana moriremos"



Recuerdo cuando hace varios años en Facebook, en un grupo sobre la existencia o no de Dios, debatí con una chica atea convencida. Cuando yo le dije que si Dios no existe ello implica que cualquier persona con poder puede abusar de sus semejantes, incluso brutalmente, y no recibirá ningún castigo por ello, ella me respondió que nada de eso, porque existe el karma. Tengo que reconocer que llegado a ese punto simplemente no tuve la capacidad para continuar debatiendo. Y no por carecer de argumentos, sino porque me parecia totalmente inutil mostrárselos a alguien que buscaba una especie de atajo mental para no enfrentarse con la realidad.

Y es que decía Pablo que si no existe resurrección, eso querría decir que Jesús no resucitó, y si Jesús no resucitó, entonces simplemente el cristianismo sería un gran mentira, así que entonces se podría aplicar eso de "comamos y bebamos que mañana moriremos".

A lo que yo añado que si Dios no existe, entonces no hay razón para no implementar la ley del más fuerte, pues al fin y al cabo cuando uno muera no habrá recompensa por el sacrificio ni castigo por la maldad.

¿A cuanta de que viene esto? Pues a cuenta de que me parece, desde la lejanía, que es lo que está viviendo la sociedad española. Han sacado a Dios por completo de la escuela pública y de la casi totalidad de la privada no religiosa. Han sacado a Dios por completo de la política (los pocos políticos creyentes se avergüenzan de declararlo en público). Han sacado a Dios casi por completo de la familia y de la sociedad. ¿Y qué queda? Pues eso, la ley del más fuerte, sin moral, sin principios, sin valores. Total, vivamos a tope hoy (todos, pero especialmente los jóvenes), incluyendo, si hace falta, abusar de otras personas sin que nos pillen, porque eso es todo lo que nos vamos a llevar cuando muramos. Y así está como está la familia, la escuela, la política, la sociedad entera.

Lo malo es que no se darán cuenta de su error hasta que mueran. Y entoces, por supuesto, será demasiado tarde.

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