viernes, 13 de marzo de 2009

Asco, mucho asco

Cuando al PCTV se le permitió presentarse a las elecciones autonómicas vascas ya se sabía. Cuando a ANV también se le permitió presentarse a las elecciones municipales se sabía igualmente. Me estoy refiriendo, por supuesto, a que estas organizaciones políticas eran simplemente tapaderas de una organización terrorista, ETA. Hace poco la UE ha incluido en la conocida como "lista terrorista europea" a los partidos políticos Acción Nacionalista Vasca (ANV/EAE) y el Partido Comunista de las Tierras Vascas (PCTV/EHAK). Pero el PCTV ha estado instalado en el parlamente vasco y ANV seguirá en los ayuntamientos por largo tiempo, recibiendo sueldos y subvenciones de los ciudadanos españoles que van para financiar los asesinatos de esos mismos ciudadanos españoles.

¿Y quién asume esa culpa? Estamos hablando, hombre, de España, donde nadie asume nada, y donde el pasado se olvida demasiado rápidamente. En buena lógica habría que exigirle al autor de este desaguisado que presentara su dimisión, o sea, al señor Rodríguez Zapatero; pero no se puede, porque este señor, con todo este asunto encima de la mesa y plenamente conocido por los ciudadanos españoles, ganó unas elecciones hace menos de un año. Y, además, ¿quién se lo va a exigir? No será una oposición, la del PP, que se avergüenza de defender lo que defiende. Tampoco serán los ciudadanos españoles, anestesiados políticamente, a quien solamente les haría salir de ese letargo algo que esperamos que nunca se produzca, una masacre producida por ETA (y aún así no estoy completamente seguro).

Zapatero hace y deshace a su antojo, y nadie le ofrece la menor resistencia de forma seria. Bueno, hay una honrosa excepción, Rosa Díez, que con poquísimos medios está poniendo en jaque un día sí y otro también al Gobierno y, sobre todo, al PP, al que le saca los colores por decir cosas que deberían gritar ellos; pero desde sus limitadas fuerzas UPyD poco puede hacer. Y mientras tanto, repito, Zapatero anda y desanda el mismo camino una y otra vez, siempre con cálculos electorales, sin rendir cuentas ante nadie.

Y, claro, los hechos, que son tozudos, nos muestran una organización terrorista asentada en las instituciones, a la que los que quieren sacarla no pueden, y los que pueden no quieren. Si no fuera por lo acostumbrado que uno está a esta situación parecería increíble. De hecho es simplemente surrealista imaginar a personas pertenecientes a organizaciones terroristas ocupando cargos públicos y siendo pagados con dinero de los contribuyentes. Pero esto es la España de hoy. Algo que me da asco, mucho asco.

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