sábado, 29 de agosto de 2015

La noche que escuché una violación

Cuando llegamos a Miami, procedentes de otro lugar en Estados Unidos, optamos por empezar nuestra vida allí en unos apartamentos, los cuales en parte estaban ocupados por parejas jóvenes que estaban empezando juntos su andadura. Una de esas parejas eran nuestros vecinos, literalmente dormitorio con dormitorio, divididos únicamente por una pared. Solo sabía de ellos que se llevaban bien, por el hecho de verlos a veces cogidos de la mano al cruzarme con ellos en el pasillo. Hola y adios era nuestra escasa relación. Cual no sería mi sorpresa cuando una noche comencé a escuchar del otro lado de la pared gritos y algunos golpes. No entraré en detalles, pero era evidente que lo que estaba sucediendo era una violación en toda regla. Yo no sabía que hacer, si llamar a la policía o no. Estaba a punto de hacerlo cuando de pronto todo cesó y de golpe regresó la normalidad. Yo no sabía que pensar. La noche pasó y llegó el día. Y para mi sorpresa me encontré nuevamente con la pareja en el pasillo, cogidos de la mano y, al menos aparentemente, felices. Al poco tiempo se mudaron, no sé a donde, y nunca más supe de ellos.

Lo anterior me vino a la mente cuando leí esto, esto y esto. Lo más curioso es que el tipo le pegó, literalmente, "un bofetón" a la esposa, pero, también literalmente, "no fue agredida". En fin.

¿Qué decir de estos casos? ¿Síndrome de Estocolmo? ¿Masoquismo? ¿Supuesto amor que todo lo perdona? ¿Estupidez a secas? No lo sé, de verdad, no lo sé.

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