domingo, 14 de junio de 2015

¿A qué tanto escándalo?

La verdad es que no entiendo a los que se rasgan las vestiduras por la decisión del PSOE de pactar con Podemos. ¿Es que acaso estos neocomunistas, que apoyan la dictadura encubierta de Venezuela, son peores que aquellos paleocomunistas que apoyaban la dictadura explícita de Corea del Norte? Puede que tal vez sean algo más peligrosos por lo imprevisibles de sus tics exóticos, sí, pero ideológicamente son exactamente los mismos perros con distintos collares.

Y, hablando del electorado socialista, ¿alguien puede pensar que los votantes socialistas hubieran preferido ver a su partido aliado con el PP antes que con Podemos? La española es una sociedad dividida, de izquierdas y de derechas, donde la gente difícilmente cambia de voto (y donde la alternancia en el Gobierno se produce por movilización y desmovilización más que nada, tema para otro escrito) y menos aún de bloque.

Esa alianza entre socialistas y comunistas viene produciéndose en España desde las elecciones municipales y autonómicas de 1979 allá donde ha podido llevarse a cabo y no ha pasado nada. Es más, se produjo con toda normalidad durante la casi eterna etapa de Felipe González al frente del Gobierno, lo cual quiere decir que los votantes socialistas la dieron su beneplácito vez tras vez.

Si el PSOE finalmente quiebra será por el particular desastre de Zapatero y Rubalcaba en su segunda legislatura, que produjo una total decepción en muchos de sus votantes (mayoritariamente jóvenes), quienes han encontrado en Podemos una opción más fresca (al menos en teoría y en su ignorancia) en quien confiar.

Así puestas las cosas, este auge de la izquierda y esta alianza de sus partidos en estas elecciones lo único que augura es que ese mismo auge seguirá en las próximas y esa misma alianza se volverá a producir de ser posible.

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