miércoles, 10 de febrero de 2016

Teníamos tanto

Nunca fuimos ricos, ni tan siquiera viviamos demasiado desahogadamente, porque decidimos enseñar a nuestros hijos (niño y niña) en el hogar, y eso nos ocasionaba a veces algunas insuficiencias económicas (menos ingresos y más gastos). Pero la verdad es que teníamos lo suficiente, y nunca nos faltó lo necesiario y un poco más.

A pesar de esa situación económica no tan favorable recuerdo perfectamente como muchas personas con mucho más que nosotros a nivel material mostraban su más sincera admiración por nuestro matrimonio y por nuestra hermosa familia, siempre tan unida por razón de la educación en el hogar de nuestros hijos.

Las actividades familiares casi nunca faltaban entre nosotros, al menos una vez por semana, aunque no fueran más allá de una visita a un zoo, unas horas en un parque público o un almuerzo en el más barato de los restaurantes de comida rápida, así como casi a diario ver una película todos juntos en casa antes de irnos a dormir.

Después llegó el traslado de Miami a Houston, para estar cerca de sus padres (en una ciudad próxima). Y nuestra pequeña familia de cuatro creció hasta seis. Nuestra familia, incluyendo en ella a sus padres, claro que no era perfecta, pero sí bastante unida. Todo parecía ir bien.

Pero poco a poco, casi sin darnos cuenta, nos fuimos distanciando. Las actividades familiares se fueron espaciando. Los silencios lo fueron llenando todo. E hizo su aparición (aún más) la internet. Porque, además de los ordenadores de nuestros dos hijos (por razón de la escuela), compramos otros dos "laptops", uno para ella y otro para mí. Y aquello fue el principio del fin.

Nos adentramos en dos mundos completamente diferentes de la red, dos mundos que nos quitaron todo nuestro tiempo libre. Estabamos a tan solo un metro de distancia, sentados uno al lado del otro, pero la realidad es que eso únicamente se refería a nuestros cuerpos físicos, porque nuestras mentes y, lo que es peor, nuestros corazones se encontraban a miles de kilómetros de distancia; el mío en España, el de ella en Florida.

Nos olvidamos de decirnos palabras cariñosas, de separar tiempo para nosotros. La frialdad creció y creció, hasta que lo inundó todo, completamente todo. Y fue entonces cuando pensamos que ya no había nada que hacer.

Y llegó el divorcio, hace tres años. Hoy ella vive cerca de sus padres y yo con mi nueva esposa. Y nuestros hijos, de 18 y 16 años, ya no tienen una familia, sino dos. Pero solamente por la división de su tiempo y, lo que es peor, de sus corazones. Porque la realidad, aunque sea muy dura, es que ya nuestros hijos no tienen ninguna familia, por más que parezca que viven entre dos.

Teníamos tanto. Pero no nos dimos cuenta de lo que teníamos. Y lo perdimos. Y jamás lo volveremos a tener.

4 comentarios:

  1. Gracias por compartirlo.
    Ánimo.

    Dwight.

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  2. Aparte de enviarte mi apoyo, quería darte también mi opinión personal, por si te ayuda en algo.

    Como dices:

    " nuestros corazones se encontraban a miles de kilómetros de distancia; el mío en España, el de ella en Florida. "

    Creo que eso es un problema. Por todo lo que publicas creo que te preocupa demasiado lo que pasa en España. Y NO MERECE LA PENA.

    Quiero decir que no merece la pena si eso te afecta a tu vida personal y familiar. Vives en USA, tienes allí a la familia, los hijos, etc.., pues céntrate allí. Si te interesa la política, céntrate en la política allí, colabora con movimientos que allí te interesen, sean Republicanos o Libertarios. Creo que ello te permitirá ampliar tus contactos cerca de donde vives y tendrás mucho que compartir, aunque sea para discutir, con tus amigos y familiares cercanos.

    Yo mismo me centro más donde vivo, y me limito a pocos comentarios en algún blog liberal español, pero, como te dije, veo bastante perdido el caso español. Los votantes han dejado claro que quieren ser "progresistas" a lo bolivariano.

    Saludos

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    1. Sí, en realidad creo que tienes razón. Posiblemente la solución para no volver a tropezar dos veces en la misma piedra sea olvidarme, aunque sea un poco, de España. Un cordial saludo y muchas gracias.

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