viernes, 23 de enero de 2009

Estados Unidos, único país con convicciones

Hace un par de días escribí un texto titulado Obama no es Zapatero y Estados Unidos no es España, en el que hacía referencia a que aunque muchos piensan que Estados Unidos ha dado un giro radical, ello no es así.

La realidad es que, mal que les pese a las gentes de izquierda de Europa en general y de España en particular, Estados Unidos es el único país de Occidente (y probablemente del mundo) que no ha caído ni tiene pinta de caer en el relativismo moral que estamos viendo, donde nada es verdad ni es mentira, sino que todo depende del color del cristal con que se mira.

Si algunos piensan que la victoria que el pueblo estadounidense le otorgó de forma incontestable a Barack Obama es un cheque en blanco (como el que el tiempo se ha encargado de demostrar que le dieron los españoles a Zapatero), se equivocan completamente. Veamos por qué.

En Florida, un estado donde Obama ganó a McCain por 4,274,370 de votos a 4,039,848, una proposición para incluir en la constitución del estado una enmienda que defina el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer fue aprobada por los votantes por nada más y nada menos que 4,645,602 votos a favor (un 62.1%), mientras que en contra fueron 2,833,052 (es decir, únicamente un 37.9%).

Pero mucho más claro es el ejemplo de California, otro estado donde Obama venció a McCain, pero esta vez por un margen mucho más amplio, ya que fue por 7,245,731 de votos a 4,434,146. En ese caso una proposición donde igualmente se reforma la constitución del estado para definir el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, fue aprobada por 5,782,670 de votos a favor (un 52.2%) y 5,301,540 en contra (un 47.8%).

Los datos de esas dos proposiciones, comparados a los datos de las elecciones presidenciales en esos dos estados, nos demuestran que los votantes estadounidenses no son borregos que votan partidariamente, sino que pueden ejercer una votación en un sentido y otra en el opuesto.

Es evidente que los votantes estadounidenses han tomado la decisión de querer un cambio en el Gobierno, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo. Pero ese cambio no les hace renunciar a sus convicciones, y mucho menos le han dado un cheque en blanco a Obama para que haga lo que a él le parezca. El cambio político ha llegado en Estados Unidos, y se llevará a la práctica sin duda en muchas áreas, pero las convicciones se mantendrán en una sociedad que sigue huyendo, al menos en una gran parte, del relativismo moral.

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