miércoles, 1 de junio de 2005

Tolerancia cero ante la violencia escolar

Ayer uno de los editoriales de El País versaba sobre los suicidios de los escolares Jokin y Cristina, y decía, entres otras cosas, lo siguiente:

"Sus muertes han puesto de manifiesto que hay más violencia en las aulas de la que todos quieren admitir."

Totalmente cierto. La violencia escolar es algo relativamente común, aunque de ello se habla poco, a menos que salte alguna noticia de agresión grave. Y para demostrarlo tenemos el suceso, acaecido después de escrito el editorial, de que tres adolescentes han resultados heridos por otros tantos usando como armas navajas.

Y sobre el tema en cuestión sigue El País diciendo verdades como ésta:

"El acoso no es posible sin el silencio culpable de muchos compañeros y educadores."

Y ésta también:

"De modo que si hay acoso es porque hay tolerancia hacia esas conductas."

Hasta aquí totalmente de acuerdo. Pero donde El País falla rotundamente es cuando no ofrece ningún tipo de remedio. Y es que analizar la situación correctamente no la soluciona. La solución es, simple y llanamente, practicar la "tolerancia cero" hacia la violencia en los centros docentes. Lo que quiere decir ni más ni menos que tratar a los jóvenes violentos como lo que son, delincuentes, jóvenes ciertamente, pero delincuentes al fin y al cabo. Y actuar de forma clara, contundente y ejemplarizante ante los casos de cualquier violencia, ya sea verbal o, más aún, física; lo anterior debe llevar a, inclusive, crear centros docentes para jóvenes violentos, donde se les aísle de los pacíficos y se les enseñe con una disciplina aún más fuerte que en los centros normales.

Solamente cuando los jóvenes violentos sepan que la violencia en las aulas va a ser severamente sancionada, y que tendrán que pagar duramente por sus tropelías a otros compañeros, será cuando se lo pensarán, y mucho, antes de cometer sus atropellos. De lo contrario seguiremos teorizando y lamentando sobre víctimas totalmente inocentes, mientras que los culpables se ríen de nuestras teorías y nuestros lamentos.

4 comentarios:

  1. Estoy totalmente de acuerdo con tu comentario, y más aún cuando nos estamos viendo amenazados por la creación de nuevas bandas. Que no se entienda esto como palabras xenófogas, pero es una verdad como un templo, y eso no quiere decir que todos sean asi, pero si no se pone remedio a esto pronto, acabaremos como en el bronx.

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  2. Disciplina, disciplina y disciplina.
    El problema es que los pedagogos son unos ilusos que han creido poder hacer un sistema educativo a la carta y que la violencia se cura con dialoguitos psicologizantes. Mano dura y cárcel; no es de recibo que los sinvergüenzas sigan en las aulas por ley y atenten contra el resto de alumnos y contra los profesores, verdaderamente impotentes.

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  3. Desde luego, como primer y fundamental paso, tolerancia cero. Que los agresivos y violentos vuelvan a darse cuenta de los límites infranqueables. Y los demás se den cuenta de que el que la hace la paga, que no hay conductas impunes. Aparte habrá que pensar en otras cosas, como lo absurdo de una educación obligatoria hasta edades muy avanzadas, pero, desde luego, hay que comenzar por la tolerancia cero. Por cierto, esto requiere un acuerdo absoluto entre dirección y (todos los) profesores de los centros.

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  4. Pero es que no te enteras. Los menores no son responsables de nada y menos de la violencia. Son cosas de críos, si le pegan a alguien por algo será...
    La culpa la tiene la sociedad, los padres, los profesores, la guerra de Irak y Aznar.

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